Alemania·Austria

Campos de Concentración WWII

Desafortunadamente estos días estamos siendo testigos de guerras injustificadas y conflictos, a mi parecer, carentes de sentido alguno. Por alguna u otra razón me ha venido a la mente esas dos visitas (casi tres) a dos de los campos de concentración (o de trabajo, si así pueden llamarse) que existieron durante la Segunda Guerra Mundial.

No voy a hablaros de las Segunda Guerra Mundial, no soy historiadora ni me siento capacitada para ello. Pero si que puedo hablaros de lo que uno se puede esperar al llegar a uno de esos campos de concentración, al cruzar la entrada y al sentir el frío calándose hasta los huesos.

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La primera casi-visita a un campo de concentración fue ya hace varios años. Visitando Viena, decidimos tomar un tren que nos llevaría en unas dos horas a Mauthausen, que por cierto fue uno de los campos donde más españoles fueron arrebatados de su libertad. Al subir la colina, en Febrero, nos encontramos de frente con el campo, el día era lluvioso y el viento hacia que el frio, ya húmedo, se sintiese por todo el cuerpo. No hizo falta entrar, uno imagina lo que debía ser “vivir” ahí dentro, sin chaquetas, guantes, bufanda o paraguas. El viento era tan huracanado a esas horas que desafortunadamente cerraron el campo por razones de seguridad; al parecer algunos barracones habían caído debido al viento. Así que, sin haber podido entrar y con el cuerpo algo confundido, nos volvimos a Vienna… con una charla en el tren bastante animada sobre todas esas sensaciones que cada uno habia sentido al pisar el área.

Hace tres años me mudé a Viena. Mi compañera de piso vive muy cerca de Mauthausen, así que pensé que esta podía ser la ocasión perfecta para volver, y finalmente entrar y aprender. Las visitas a los campos de concentración son silenciosas. No hay ningún cartel que pida “silencio” o prohiba hablar, simplemente no tienes ganas de comentar apenas nada. Basta con lo que uno ve, imagina y siente. (estas dos fotos las tomó ella, MH)

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Al final, al salir de las puertas del campo uno respira diferente, como más aliviado, y apenado a la vez; y siente unas ganas tremendas de comentar en el resto del grupo esos escalofríossentidos, y esa confusión sobre la raza humana y su humanidad. Y entonces te da por pensar que esto, que pasó en Europa durante la generación de nuestros abuelos y bisabuelos, ocurre todavía, hoy, ahora mismo, en algún lugar del planeta.

Mi otra visita fue a Dachau, en Alemania, el campo de concentración (o trabajo) más cercano a Munich, ciudad donde Hitler empezó todo. (por cierto, ¿sabias que Hitler no era Alemán sino Austriaco?). Que más da, a veces pienso que el extraterrestre más vil que pueda existir en la galaxia ni lo igualará, así que directamente le podemos quitar la categoría de “ciudadano del mundo”, pero ya mismito.

La verdad, no hay mucha diferencia entre los campos de concentración: barracones comunes, una prisión, un patio general, cámaras de gas y crematorios, y la zona común de los soldados alemanes. Nada más que ver ni que esperar. Y ya es suficiente. Simplemente os dejo con algunas fotos.

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Mi compañera de piso me contó que cuando tenia 14 años visitaron Mauthausen con un profesor que les hizo una visita de lo más completa, uno de los momentos que más le impactaron y que le produjeron esa clase de sensación que te acompaña siempre y que te dice que nunca más quieres que se repita, fue cuando encerraron a todo el grupo en una de las camaras de gas. Así, sin más, en silencio. Tal y como aquellos judíos, hace poco más de 50 años, eran invitados a tomar sus duchas.

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Cuando estudiaba historia en clase me aburría (por algo acabé siendo ingeniera!), pero creo que a esa edad uno no tiene la madurez suficiente para entender la importancia que tiene aprender historia y saber que cada hecho pasado configura nuestra día a día hoy. Y que por lo tanto, cualquier cosa que uno haga hoy definirá el mundo de las generaciones futuras. Y a la vez todo esta interligado, el efecto mariposa.

Viajar por el Planeta Tierra es aprender esa historia, y con ello aprender lo que somos hoy. Viajar te da nuevos ojos, te hace más tolerante y crítico con las cosas buenas que deben repetirse y con las malas que nunca deben ser repetidas. Uno puede aprender de la historia en los libros, pero no vivirla ni sentirla tal y como viajar te ofrece. Y solo cuando uno siente de verdad mueve montañas.

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Un comentario sobre “Campos de Concentración WWII

  1. Hola Andrea,

    Cada vez que alguien menciona temas relacionados con esto siempre me viene una película en mente “la vida es bella” o más actual la de “el niño del pijama de rayas”. Y sólo con el simple hecho de ver estas películas ya te acercan bastante a ese pasado, ver aquellos muros debe ser mucho más impactante. Ver lo que ellos veían, siendo engañados, sin saber exactamente cual era su final, y siendo muy mal tratados durante todo ese trance.

    No he podido viajar mucho, pero si me gusta leer, y siempre acabo escogiendo libros que tienen base histórica, debe ser porque me gusta la historia, y nunca me aburrí con ella, de hecho entre las opciones de después de segundo bachiller la puse, entre las finales, pero ahí estaba. Ahora leo muy poco y veo muy pocas películas históricas, pero creo que es algo que quiero retomar.

    Un besico Andrea, y un gran post, además porque en las fotos se puede apreciar una tonalidad gris, la cual está asociada a la tristeza, al menos en este contexto.

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